A fin de encontrar un tratamiento para los pacientes con COVID-19, los investigadores de todo el mundo exploran incansablemente numerosos ángulos, incluida la realización de pruebas con fármacos antivirales existentes y otros compuestos nuevos. Entre todo, llama la atención un posible tratamiento conocido como terapia con plasma de convalecientes que consiste en administrar a los pacientes enfermos una infusión de plasma rico en anticuerpos, obtenido de quienes se han recuperado de la infección por SARS-CoV-2, que es el virus causante de la COVID-19.

Los anticuerpos son el medio empleado por el cuerpo para combatir infecciones como la del virus SARS-CoV-2 que aparece en esta ilustración médica.

“Mayo Clinic se movilizó rápidamente para avanzar de forma científica el tratamiento con plasma de convalecientes”, señala el anestesiólogo Dr. Michael J. Joyner, investigador principal del Programa de acceso ampliado al plasma de personas convalecientes.

Mayo Clinic es la primera institución en proveer un acceso coordinado al plasma experimental de personas convalecientes a los pacientes hospitalizados con COVID-19 grave o potencialmente mortal y a quienes tienen riesgo de avanzar hacia esos estados de la enfermedad. Este esfuerzo realizado a nivel nacional recolectará plasma de los donantes que cumplen con los criterios establecidos por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos.

El tratamiento se basa en la función de los anticuerpos, que son las proteínas creadas por el sistema inmunitario del cuerpo para combatir a los invasores de distintas maneras. Algunos anticuerpos son capaces de neutralizar al virus, mientras que otros se ocupan de movilizar a una gama de células inmunitarias distintas para combatir la enfermedad. Aún no se sabe el mecanismo mediante el cual podrían funcionar los anticuerpos contra la COVID-19, pero se cree que la infusión de plasma de convalecientes favorecería una respuesta generalizada, conocida como inmunidad pasiva, hasta que el paciente mismo sea capaz de combatir al virus con fuerza y resolución.

La idea de un tratamiento derivado de los pacientes recuperados no es nueva, pues allá por el año 1890, los médicos ya utilizaron suero o plasma sin factores de coagulación. En realidad, el suero fue la única alternativa terapéutica para ciertas enfermedades infecciosas hasta que aparecieron los antibióticos en la década de los años 1940. Asimismo, en el año 1934, los médicos usaron el suero de una persona convaleciente para detener con todo éxito un brote de sarampión en una escuela del estado de  Pennsylvania. En brotes mundiales más recientes, los investigadores hicieron pruebas con el plasma de personas convalecientes en pequeños estudios clínicos y descubrieron un efecto positivo contra los coronavirus que, respectivamente, causaron el síndrome respiratorio agudo y severo (SARS, por sus siglas en inglés), el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS, por sus siglas en inglés) y la gripe H1N1. Sin embargo, el mismo método no surtió efecto contra el ébola, que es un filovirus.

En el laboratorio, la centrifugación permite aislar los distintos objetivos para darles más uso o estudiarlos. En este caso, se hace un procesamiento específico del plasma de gente recuperada de la COVID-19 para obtener los anticuerpos desarrollados durante la enfermedad.

A principios de este año, dos estudios distintos y realizados en China infundieron optimismo cuando cada uno de ellos hizo una presentación sobre la aplicación del plasma de convalecientes en pacientes gravemente enfermos con COVID-19. Un estudio publicado en la Revista de la Asociación Médica Americana describió resultados positivos en cinco pacientes gravemente enfermos que no solo padecían COVID-19 sino también el síndrome de insuficiencia respiratoria aguda (ARDS, por sus siglas en inglés). Los cinco pacientes del estudio se recuperaron. Otro estudio publicado rápidamente por Internet para ayudar a la comunidad médica describió una muestra de 10 pacientes con COVID-19 que recibieron plasma de convalecientes. El estudio descubrió que poco después de la administración del tratamiento, los pacientes mostraron mejoría en los síntomas, sin efectos secundarios adversos. No obstante, los propios autores de ambos estudios observan que las cohortes de pacientes fueron pequeñas y que algunos participantes también recibieron fármacos experimentales, como los antivirales, por lo que es difícil distinguir con precisión el efecto del plasma de convalecientes.  

Para los investigadores de todo el mundo, los resultados plantean la importancia de estudiar el asunto más a fondo a fin de encontrar respuesta a varias interrogantes fundamentales, por ejemplo: ¿cuál es la dosis óptima de anticuerpos, en qué punto de la enfermedad hay que administrar la terapia y a cuáles pacientes beneficiaría el tratamiento? La única manera de responder estas preguntas será mediante ensayos clínicos más grandes y bien controlados, como los que Mayo pronto llevará a cabo en colaboración con varios otros centros médicos académicos.

“Vamos a ‘regresar al futuro’ para probar esta antigua terapia y lo haremos con las medidas científicas adecuadas, o sea, con un registro de los datos, una comparación de los resultados y un entendimiento en tiempo real”, apostilla el Dr. Joyner.  

En Mayo Clinic, entran en acción con su incomparable experiencia expertos en todas las áreas, entre ellas, medicina para transfusiones, enfermedades infecciosas, cuidados intensivos y bioestadística.

El primer paso es recoger el plasma de los pacientes recuperados que, según los requisitos delineados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, califican para donarlo. Hay que analizar la seguridad de la sangre y luego centrifugarla para separar el plasma y los componentes primarios. Para que la infusión surta efecto, el donante debe tener concentraciones suficientemente altas de anticuerpos y para saber si es así, uno de los medios principales será un análisis serológico, como la prueba estudiada y validada por la Dra. Elitza Theel, directora del Laboratorio de Microbiología Clínica en Mayo Clinic. Los investigadores creen que cada donante quizás pueda proveer suficientes anticuerpos para el tratamiento de dos o cuatro pacientes.

Los médicos que en estos momentos tratan a pacientes hospitalizados por COVID-19 en cualquier institución pueden registrar la información sobre sus pacientes en uscovidplasma.org. El programa nacional cuenta con el respaldo tanto de la Cruz Roja Americana como de la gran comunidad de depósitos sanguíneos que trabajarán con los médicos en la recolección y distribución del plasma donado.

En la pandemia actual, la esperanza es que el plasma de convalecientes trate eficazmente los casos más graves de la enfermedad y evite que empeoren quienes están solo medianamente enfermos.

“Esperamos poder ofrecer a los médicos y al personal de enfermería que combaten la pandemia desde el frente de batalla un medio que quizás pueda modificar la enfermedad”, añade el Dr. Joyner.

Los investigadores de la Escuela de Medicina Bloomberg de Johns Hopkins, dirigidos por el Dr. Arturo Casadevall que es el propulsor del movimiento del plasma de convalecientes, también realizarán ensayos para saber si una infusión de plasma de convaleciente evita la COVID-19 en personas con enfermedades subyacentes y en aquellos que corren alto riesgo, como los familiares y los proveedores de atención médica expuestos a la enfermedad del coronavirus. Esta información será útil en caso de una segunda ola de COVID-19 a fines de este año, según ocurre con muchos brotes virales.

“Logramos entrar en acción de manera rápida para trabajar con la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos y establecer conexiones con otros colaboradores a fin de acceder a la información en tiempo real. A medida que sepamos más sobre la aplicación del plasma de convalecientes, estaremos incluso mejor preparados para lo que vendrá”, concluye el Dr. Joyner.

- Kate Ledger, 6 de abril de 2020