SHARE

La expresión “trabajo en equipo” es ampliamente utilizada cuando se habla sobre la investigación científica, pero según la definición de Mayo Clinic, significa contar con equipos de todas las disciplinas y miembros que se complementan entre sí. A veces, se forman equipos que se dedican a problemas especiales por un período limitado, mientras que en otras ocasiones, se crean alianzas que duran años y aportan resultados prolíficos. El último es el caso particular de un médico e investigador y de un científico de laboratorio: el primero, mayor y con muchos logros; y el segundo, menor y con ideas nuevas y las habilidades necesarias. Juntos abordan algunos de los problemas más difíciles de la enfermedad renal.  

Pese a que alguien llegue a la cima en su área, todavía puede necesitar un colaborador que tenga las habilidades que a esa persona le faltan.

Esa fue la conclusión a la que llegó el nefrólogo de Mayo Clinic, Dr. Vicente E. Torres, hace aproximadamente 15 años. Como miembro de la División de Nefrología e Hipertensión de Mayo Clinic en Rochester, Minnesota, el Dr. Torres trabajó en esa institución durante casi un cuarto de siglo y fue reconocido como médico e investigador especializado en poliquistosis renal (PKD, por sus siglas en inglés).

Vicente E. Torres, M.D., Ph.D.
Vicente E. Torres, M.D., Ph.D.

A medida que la importancia de la genética se hacía más obvia en las enfermedades humanas, especialmente en la poliquistosis renal, el Dr. Torres vio que necesitaba ayuda: requería de alguien que entendiese la causa de la enfermedad a nivel molecular.

“La medicina entró en una nueva fase donde la genética se volvió realmente importante, no solo para las enfermedades monogénicas como la poliquistosis renal, sino para la mayoría de enfermedades de componente genético”, comenta el Dr. Torres. “En ese momento, en nefrología no había nadie capacitado en genética molecular y por eso me pareció buena idea intentar atraer a Mayo Clinic a ese tipo de personas”, añade el médico.

Contrató entonces al Dr. Peter C. Harris, genetista molecular de la Universidad de Oxford a quien conocía de conferencias y reuniones internacionales. El Dr. Harris fue quien, en el Instituto de Medicina Molecular de Oxford, dirigió el equipo que identificó el gen causante del tipo más común de poliquistosis renal.

El Dr. Harris llegó a Mayo Clinic de Rochester, Minnesota, en 1999 y así empezó una colaboración que ha funcionado probablemente mejor de lo que ninguno de los investigadores jamás imaginó.

Complementar la medicina con la ciencia

Los doctores Torres y Harris han escrito docenas de trabajos científicos juntos, además de publicar cómputos de otros estudios, sea individualmente o con otros colaboradores. Su investigación sobre la poliquistosis renal no solo ha llevado a entender de nueva manera la enfermedad, sus causas y su avance, sino también a la posibilidad de ahora contar con nuevas alternativas de tratamiento.

 “Esta combinación es uno de los mejores ejemplos del trabajo conjunto de un científico y médico clínico con otro científico básico, quienes juntaron sus experiencias, además de sus capacidades propias y complementarias, con la esperanza de ofrecer nuevos y mejores tratamientos”, acota el Dr. Karl A. Nath, nefrólogo de Mayo Clinic en Rochester. “Esto no es redundante de ninguna manera, sino un ejemplo en el que la suma de uno más uno da cuatro, en vez de dos”.

Pese a la estrecha colaboración existente entre ellos, ambos científicos son en sí mismos un estudio sobre contrastes.

El Dr. Torres es el mayor de los dos, con apariencia catedrática por su barba encanecida y lenguaje tanto serio como mesurado, en el que se escucha un ligero acento español.

Dr. Peter C. Harris, investigador en nefrología de Mayo Clinic
Dr. Peter C. Harris, investigador en nefrología de Mayo Clinic

El Dr. Harris, en cambio, parece un escolar inglés con gran sentido del humor. Bromea al comentar que el Dr. Torres lo atrajo a Minnesota en la mitad de uno de los inviernos más cálidos registrados en la historia, aprovechando que Harris no tenía ni idea de lo que sucedería más adelante.

“Creo que la temperatura era de 40 grados Fahrenheit (4,5 grados Celsius) cuando estuvimos aquí, pero no fue esa la situación en el último invierno”, dice el Dr. Harris.

Por sus diferencias, no sorprende que ambos científicos hayan decidido especializarse en la poliquistosis renal de manera muy distinta.

Para el Dr. Torres, fue un asunto de salud pública. Él ya era nefrólogo en Mayo Clinic cuando tuvo oportunidad de examinar la prevalencia y resultados de la poliquistosis renal en el condado de Olmsted que, por su ubicación en el suroriente de Minnesota, incluye a Mayo Clinic.

“Descubrí que la poliquistosis renal era un campo fascinante”, apostilla el Dr. Torres. “A fin de entender el funcionamiento del riñón y cómo falla en la poliquistosis renal, también hay que considerar otros órganos y sistemas, tales como el hígado, el corazón y el sistema vascular”.

Con el Dr. Harris, por el contrario, todo fue un asunto de genética.

“Me interesaba mucho saber cómo se podría usar los nuevos métodos genéticos, o sea la identificación de marcadores polimórficos, que si bien ahora es algo rudimentario, en ese momento estaba a la vanguardia de su tiempo”, recuerda.

Enfermedad genética, crónica y compleja del riñón

Dibujo que muestra un riñón normal y otro con poliquistosis renal

El efecto de los múltiples quistes de la poliquistosis renal comparado frente a un riñón normal.

La poliquistosis renal (PKD, por sus siglas en inglés) puede convertir al riñón en algo casi irreconocible. Los quistes proliferan en racimos y eso generalmente agranda tanto al riñón que un órgano de tamaño normal parece pequeño junto a él. La investigación de Mayo sobre la enfermedad es parte del trabajo continuo del Centro Traslacional Robert M. y Billie Kelley Pirnie para Poliquistosis Renal.
La poliquistosis renal (PKD, por sus siglas en inglés) puede convertir al riñón en algo casi irreconocible. Los quistes proliferan en racimos y eso generalmente agranda tanto al riñón que un órgano de tamaño normal parece pequeño junto a él. La investigación de Mayo sobre la enfermedad es parte del trabajo continuo del Centro Traslacional Robert M. y Billie Kelley Pirnie para Poliquistosis Renal.

 

El efecto de los múltiples quistes de la poliquistosis renal comparado frente a un riñón normal.

La poliquistosis renal es un trastorno heredado que va desarrollándose a medida que aparecen racimos de quistes dentro del riñón y en otras partes del cuerpo, lo que normalmente provoca hipertensión e insuficiencia renal.

A pesar de ser un trastorno genético, no es habitual someter a los niños a detecciones de poliquistosis renal; pero el Dr. Torres recomienda detectar a los adultos con antecedentes familiares de la enfermedad.

En realidad, existen dos tipos de poliquistosis renal y cada una de ellas obedece a un defecto genético diferente.

La poliquistosis renal autosómica dominante es el tipo más común de la enfermedad y surge a partir de una anomalía en uno de los dos genes. Un niño con un padre o una madre afectados por la enfermedad tiene 50 por ciento de probabilidad de desarrollarla. Los signos y síntomas normalmente empiezan a presentarse alrededor de los 30 a 40 años.

La poliquistosis renal autosómica recesiva es mucho menos común y en ella, ambos padres deben tener la anomalía genética para transmitir la enfermedad a los hijos. En este tipo de poliquistosis renal, las anomalías en la función renal y hepática se presentan durante la infancia. Muchos niños con poliquistosis renal autosómica recesiva mueren antes de la pubertad y quienes sobreviven, generalmente desarrollan presión arterial alta y requieren un trasplante de riñón durante la niñez.

El punto central de la poliquistosis renal consiste en un millón de filtros y túbulos que componen cada riñón, afirma el Dr. Torres.

“Ante el mal funcionamiento de estos genes, los túbulos no saben cuándo detener su crecimiento y forman quistes que, a medida que crecen, destruyen el tejido; de esa manera, el riñón va perdiendo su funcionalidad gradualmente”, explica el Dr. Torres.

Según los Institutos Nacionales de Salud, alrededor del 50 por ciento de los pacientes con el tipo dominante de la poliquistosis renal presenta nefropatía terminal hacia los 60 años, y en Estados Unidos, anualmente más de 2000 empiezan alguna terapia para reemplazo del riñón, tal como trasplante o diálisis.

En busca de respuestas para el tratamiento

La mayoría de pacientes con poliquistosis renal recibe tratamiento para la hipertensión y el dolor; además, posiblemente también controlen el colesterol y se sometan a detecciones de aneurismas cerebrales. Por lo demás, es poco lo que se puede hacer hasta que los riñones fallan y el trasplante se vuelve necesario.

“Si en estos pacientes se pudiese ralentizar o detener el avance, entonces se aliviarían algunos problemas al retrasar la insuficiencia renal, el trasplante o la diálisis”, acota el Dr. Harris. “Obviamente, nuestro deseo es curar la enfermedad por completo, pero aunque solo sea posible ralentizarla o lentificar su avance en 5 o 10 años, ese ya sería un gran logro”, añade.

El Dr. Harris examina los efectos de señalización secuencia abajo, o sea cómo los genes (por ejemplo, el gen anormal de la poliquistosis renal) crean varias moléculas que envían señales o estimulan a los receptores de la membrana celular y afectan la formación de los túbulos en el riñón. A fin de realizar estos experimentos, el Dr. Harris manipula varios ratones y peces cebra en los que previamente se extraen o cambian genes específicos. Los resultados de sus experimentos se publicaron en el año 2014 en la Revista Americana de Fisiología: Fisiología Renal y en la Revista de la Sociedad Americana de Nefrología.

“Crear el ratón correcto, uno que realmente coincida con la manera en que avanza la enfermedad en los seres humanos, o acelerarlo un poquito para no tener que esperar 50 años, ha sido algo en lo que hemos invertido bastante tiempo”, observa el Dr. Harris. El truco está en imitar la aparición de la enfermedad con la rapidez suficiente para lograr eficiencia, pero también con la lentitud necesaria para mantener vivo al animal durante el estudio.

En el punto hasta donde llega el trabajo del Dr. Harris, empieza el del Dr. Torres, quien invierte 25 por ciento de su tiempo en la atención de pacientes y el resto, en la investigación de la poliquistosis renal. Eso incluye caracterizar el avance de la enfermedad y desarrollar ensayos clínicos para posibles medicamentos nuevos y otras terapias.

Un resultado importante de su colaboración es el descubrimiento de un compuesto que inhibe la señalización de una molécula particular y ralentiza en 50 por ciento el avance de la poliquistosis renal. Este descubrimiento se publicó en la Revista de Medicina de Nueva Inglaterra en 2012. Japón autorizó el empleo del compuesto para el tratamiento de pacientes, pero Estados Unidos todavía no lo hace.

Al respecto, el comentario del Dr. Torres es el siguiente: “existe gran cantidad de fármacos aptos para realizar pruebas; son tantos los que necesitan probarse que exceden al dinero disponible para ensayos clínicos”.

Además de descubrir nuevos fármacos, otra de sus prioridades es la de desarrollar nuevas tecnologías por imágenes para examinar el avance de la poliquistosis renal, mucho antes de que aparezcan los síntomas.

“Si uno desea tratar, debe ser capaz de medir. Por tanto, es muy importante medir antes de que la función renal disminuya”, explica el Dr. Torres.

Otro trabajo se enfoca en prevenir la transmisión de la poliquistosis renal a la siguiente generación. Mayo Clinic empezó a ofrecer diagnósticos genéticos para poliquistosis renal previo a la implantación, proceso en el que los doctores detectan si el embrión porta el gen para la poliquistosis renal antes de la implantación y del embarazo.

El Dr. Harris dice que en el futuro, ambos investigadores esperan descubrir más factores genéticos que influyen sobre la gravedad y avance de la poliquistosis renal. En última instancia, la edición genética será una realidad.

“Imagine la posibilidad de editar los genes en una etapa muy temprana para luego devolver esas células y que pueblen el embrión. Eso se ve ahora más esperanzador de lo que se veía hace un par de años”, añade el científico.

La ciencia en equipo mejora la atención médica del paciente

La colaboración entre los doctores Torres y Harris ha creado una sinergia tal que les permite avanzar a grandes pasos en el entendimiento y tratamiento de la poliquistosis renal. ¿Qué hace que la colaboración entre un científico básico y un médico clínico sea fructífera?

En parte, lo hace el ambiente y el campus tan estrechamente integrado de Mayo Clinic es muy propicio para ello. “Aquí, muchos médicos de la clínica e investigadores trabajan hombro a hombro, gracias a que todo sitio y toda persona están apenas a tres o cuatro minutos de distancia”, acota el Dr. Harris.

El Dr. Torres añade que dentro de ese entorno de armonía, la colaboración se ha vuelto costumbre. Él y el Dr. Harris han llevado a cabo estudios junto a otros especialistas y cirujanos hepáticos, neurólogos, cirujanos vasculares, radiólogos renales y radiólogos vasculares. “Considero a todas esas personas como las mejores en sus respectivas áreas y el hecho de poder colaborar con ellas es algo propio de Mayo”, afirma el médico.

“Cuando dos personas intentan hacer lo mismo, las cosas no funcionan tan bien; pero cuando esas distintas experiencias se juntan para mejorar el producto final —que es lo que nosotros hicimos— creo que en ese momento es cuando la colaboración realmente funciona y se logra un producto mucho mejor de lo que cualquiera de las partes hubiese podido alcanzar separadamente”, concluye el Dr. Harris.